miércoles, 15 de mayo de 2024

INTERMEDIO, CUENTO CORTO.

Autor: Christian Perales. "El Comisario"

▪️Loly

  La vida de Loly nunca fue algo sencillo de vivir, él habría querido ser "El Gran Loly, el payaso de la nariz dorada', sin embargo no fue así su vida. El circo lo acogió desde su nacimiento, y eso fue lo que lo llevó a llevar una vida insignificante. 

O quizá el ver arder el remolque de sus padres con ellos dentro, fue lo que marcó algo que después se convertiría en una vida de alcoholismo, excesos y maltratos por parte de el mago Enigma, quien fuese un padrastro cruel a raíz de la muerte de los padres de Loly. 

Aún así lo intentó, intentó llevar risas y diversión a los niños de cada pueblo que visitaba. Pero era malo, la comedia no era lo suyo definitivamente y lejos de hacer reír a los niños, los hacía llorar, sus chistes eran de mal gusto y muchas veces decía groserías a lo largo de su espectáculo, groserías que le valían la rechifla del público, y muchas de las veces hasta le arrojaban cosas al escenario. 
Al final de su carrera, llegó a pararse en la pista principal del circo con una botella de licor barato en mano, haciendo señales obscenas al público y nuevamente dañando la reputación de los payasos, y así le llegó la vejez, misma que lo convirtiera en un tipo raro y solitario. 

   Andrea salió de la escuela primaria la tarde de Helloween, estaba muy entusiasmada, y no sabía si decidirse a ir a pedir dulces a las casas o acudir al circo, que por ese día había llegado al pequeño pueblo, anunciando la llegada de la mujer tortuga, el gallo de cinco patas, o la mujer traga fuegos. Y con el entusiasmo que caracteriza a la infancia, caminó para internarse al bosque que la conduciría a casa, sin darse cuenta de que detrás de un árbol, Loly la observaba con detenimiento escalofriante, ella ni siquiera se percató de la presencia del payaso que lucía deteriorado y con una mirada fría y carente de alma. 
Ella simplemente se despidió de los otros niños y siguió su camino a casa. Andrea no le temía a nada, ni siquiera a los rumores que los adultos guardaban celosamente acerca de la desaparición de muchos niños del pueblo y que a decir de las autoridades, habían aparecido algunos restos óseos al parecer llevados por la corriente del río, a cuatro kilómetros de donde Andrea se encontraba.

Tras caminar por lo menos durante diez minutos, Andrea sintió que algo estaba muy raro en el bosque, el viento movía las hojas, que se habían tornado de color marrón ante la llegada del otoño, y ella se sentía observada, por lo que detuvo su marcha un momento para mirar a su alrededor y no vio nada fuera de lo común, ni siquiera a Loly que la había seguido hasta internarse en ese páramo del bosque y que seguía mirándola con un interés escalofriante desde la espesura de los árboles.

-¿hay alguien ahí?- 

Preguntó Andrea mirando hacia la nada, más no obtuvo respuesta, solo el crujir de las hojas y ramas de los árboles y el ulular de un búho le hicieron entender que no estaba sola, así que ya con algo de miedo, siguió su camino entre la densa maleza del bosque. El frío se empezó a sentir y Andrea exhalaba vaho con cada respiración, no así Loly que continuaba siguiéndola a cada paso que daba, él parecía que simplemente no respiraba, ahora de entre sus ropas, había sacado un objeto brillante y siguió caminando detrás de Andrea, siempre escondido en el anonimato que le proveía la vegetación del lugar. 

Andrea comenzó a cantar como queriendo perder el miedo, pues ella sabía que algo la acechaba, su oído no la engañaba, y sabía que había escuchado pasos, sabía que las hojas secas habían crujido ante el caminar de alguien.

-La calabaza quiere comer,uno dos tres y sigue así, la calabaza quiere comer....-

Y entonces sucedió: de entre las sombras de los matorrales una enorme sombra se cernió sobre Andrea, su frágil cuerpo no resistió el embate y cayó al suelo raspándose las rodillas, dejando caer su lonchera y sin poder esbozar un grito tan siquiera. Y a partir de eso todo fue muy confuso, de entre la maleza saltó Loly con ese objeto brillante que resultó ser un enorme cuchillo. lo blandió muy en alto y terminó, por encajarlo en el pecho... del mago Enigma. 

Loly lo sabía, lo supo desde siempre: el mago Enigma mataba niños solo por comer sus corazones, él sabía que cada pueblo que visitaban con el circo, se llenaba de luto por la desaparición de un niño, o varios de ellos, pero esa tarde todo llegaba a su fin, Loly había seguido a Andrea para acabar con los asesinatos del mago Enigma, su padrastro. 

Andrea simplemente supo que Loly le había salvado la vida, y cuando éste le ayudó a levantarse,ella le sonrió como quien le sonríe a un amigo de toda la vida.

-Tu nariz está dorada....-
-Si nenita, soy Loly, el payaso de la nariz dorada... tataaán...oye, tienes que irte a casa, te acompañaré hasta la orilla del bosque y después tengo que irme...-

Y así lo hizo, ya más tranquila, Andrea caminó de la mano de Loly, quien le hizo una figura de jirafa con un globo, y el tiempo restante, logró hacer lo que nunca había logrado: Hacer reír a un niño.

   Al llegar cerca de su casa, Andrea soltó la mano de Loly y corrió hasta el pórtico, antes de entrar, volteó hacia el bosque para despedirse nuevamente de Loly, pero este ya no estaba.    

   Y la verdad toda esta historia no tiene nada de especial, salvo por el hecho de que Loly tenía un año de muerto... cuando se encontró con Andrea. 

Descanse en paz el gran Loly, el payaso de la nariz dorada. 

FIN

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