Nada es más igualitario que morir, ahí no importa si en vida fuiste reina de belleza, o definitivamente no te sentías a gusto con tu físico, tampoco si eras rico o pobre, adulto o anciano, alto o bajo, en la plancha de acero todos los recuerdos y vivencias terminan y se convierten en solo un cuerpo inerte.
El trabajo de médico forense nos hace ser solitarios, no importa si fuera de las cuatro paredes que componen un anfiteatro, el mundo está celebrando las fiestas patrias, la navidad o incluso san Valentín, estamos obligados a dar luz sobre el fin de la vida de una persona, siempre es triste, más cuando nos ponemos a pensar en todos los planes de vida que tenía esa persona que hoy yace en la frialdad de una plancha de metal.
Esa noche en particular, no era una dulce excepción afuera de la morgue, la ciudad se había envuelto en un velo de celebración, mientras en el silencio yo intentaba esclarecer la identidad de una chica que habían traído hacía solo algunas horas.
Ella parecía solo dormir, su ojos bien cerrados solo contrastaban con su boca entreabierta. Lavé su cabello, después su piel; tenía heridas, al parecer de un objeto punzocortante en varias partes de su cuerpo; pero fuera de eso incluso podía afirmar que aquella chica se había ido en relativa paz. No teníamos indicios de quien era, no conocíamos su nombre, solo teníamos una edad aproximada, en sus ropas, no habíamos encontrado ninguna identificación, ni siquiera algo que nos diera una pista de quien era.
Conforme fui explorando, encontré algo que quizás podía darme un indicio: tenía un tatuaje del Ying y el yang en el tobillo, dicho tatuaje estaba además decorado por unos símbolos de la caligrafía japonesa.
-Ahora puedo buscar en el sistema de personas desaparecidas, quizá el tatuaje sea la clave- pensé.
Apenas iba a encaminarme hacia la computadora del departamento forense, cuando escuché un leve sollozo, era como si dicho llanto proviniera de aquella desafortunada jovencita... Me acerqué para percibir lo mejor posible cualquier ruido, observé fijamente el cadáver por unos segundos, sabía que cualquier sonido por leve que fuera, podría escucharse, ya que me encontraba solo en aquel momento.
Una vez más, siguiendo una corazonada, revisé su pulso: nada, sostuve por un instante su muñeca que estaba fría y rígida, revisé su pecho con el estetoscopio, solo para constatar lo obvio, estaba muerta. Guardé el estetoscopio en su estuche y apenas iba a retirarme cuando volví a escuchar ese sollozo, que ahora había llamado más mi atención y observé fijamente su rostro, y en ese momento ella abrió los ojos por un instante. Yo sé lo que vi, sus ojos se había abierto por unos segundos para volverse a cerrar, y dejar que una lágrima recorriera su mejilla.
Por un instante pensé que alguien había cometido un error brutal y me habían mandado a una paciente viva, pero no fue así, el rigor mortis ya se hacía presente y poco a poco su cuerpo perdía hidratación, lo que hacía que su piel se fuera poniendo amoratada. Sostuve una vez más su muñeca para revisar su pulso, coloqué mis manos alrededor de su garganta... muerta...
Decidí de nuevo que era hora de ir a la computadora a buscar si algún reporte de desaparición tuviera ese tatuaje como punto de partida, y al soltar su muñeca, ella sujetó mi bata. Estuve a punto de gritar, pero decidí que lo mejor era calmarme, después de todo quizás los muertos hacen eso, hay reflejos motores que suceden después de la muerte. Traté de hallar consuelo en eso, mantener la calma, así que la cubrí con una sábana blanca y me fui a buscar en la computadora. Me habré entretenido alrededor de quince minutos, cuando entre las imágenes de los reportes policiacos, encontré la foto de la chica, en realidad tres fotos, y en una de ellas me quedó clara la filiación y el nombre de aquella desafortunada chica.
"Mirna N, desaparecida el 15 de abril de 2019...."
-Es ella- Pensé: el tatuaje, las fotografías extraídas de su perfil de Facebook,
la estatura y complexión, todo concordaba. Era hora de llamar a sus familiares y desafortunadamente comunicarles la terrible noticia. Aunque primero debía realizar la necropsia de ley para determinar las causas de su deceso. Hice acopio de valor y fui hacia la camilla donde se encontraba, solo que al llegar a la sala de autopsias, ella ya no estaba ahí, tampoco la camilla donde la había dejado.
Sin comprender lo que había sucedido, estuve a punto de entrar en shock ¿Cómo era posible? Estuve a punto de encender la alarma de intrusos pensando que quizás alguien había entrado a la morgue a sustraer el cadáver cuando escuché que venía hacia mí el característico sonido que produce el rechinido de la camilla, entre las sombras apareció dicha camilla que venía siendo empujada por la jefa del departamento Forense, la doctora Solórzano.
-¿No se te hace que estás trabajando demasiado Alfaro?-
-Doc... doctora... ya me iba, solo iba a hacer la auto...-
-Eso puede esperar, ya llevé el cuerpo a una gaveta, por hoy deberías pasar las fiestas con tu familia ¿no crees?-
-Es que de verdad esto es importante....-
-Lo importante aquí es no dejar que se te vaya la vida... como a mi, trabajo, trabajo, trabajo... debes descansar, yo ya me voy, déjalo para mañana, insisto.-
-Si doctora...-
Después de eso la doctora se fue como había llegado, sin que yo supiera ni como ni cuando, yo apagué todo y no supe qué pasó conmigo después, solo supe que la doctora Solórzano tenía una semana de haber fallecido cuando me visitó en la sala de autopsias...
Nadie me creerá, pero ahora tengo miedo de volver... a la morgue...
FIN.
Christian Perales
El Comisario del terror
Derechos reservados
Junio, 2019
.jpeg)
.jpeg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario