domingo, 13 de agosto de 2023
NUNCA DES AVENTÓN
martes, 1 de agosto de 2023
LAS CRUCES
Como operadores de grúa nos vemos de frente, cara a cara con la tragedia, con la desgracia humana, esta no es una grúa ordinaria, es de las que atienden accidentes de carretera, nos ha tocado ver de todo, somos como quien dice: los que limpian después de que la muerte y la desgracia han organizado su fiesta macabra.
Me quedó muy grabado en la mente, en la memoria la imagen de aquella noche de octubre en la que acudimos a un servicio, en un tramo de carretera conocido como las cruces. Ya imaginarán por qué le dicen de esa manera: es un tramo que parece seguro, de no ser por tratarse de una recta con barrancos que se intercalan a los lados del camino, el cual está coronado por una cantidad impresionante de cruces de todos tamaños, algunas formando verdaderos mausoleos y otras muy humildes, pero todas simplemente señalan el sitio, donde una vida se extinguió.
Por la noche las cosas empeoran en el tramo de las cruces, por que el clima semitropical del día, y el frío en la noche, hacen que se forme una densa niebla, niebla que parece devorarlo todo, sin dar tregua a la más mínima visión del camino. Todo parece haber muerto en esa zona, los árboles que encuentran algún pequeño remanso de suelo donde crecer, parecen estar dormidos, pues no generan el más mínimo movimiento de sus ramas y hojas, el viento en ese lugar ulula de una manera casi lastimera, y ocasionalmente se llega a perder la señal de los teléfonos celulares, el sistema GPS, e incluso nuestras comunicaciones de radiofrecuencia, se han visto afectadas; es por mucho, el tramo de carretera más feo que he conocido hasta ahora.
Estábamos mi compañero y yo, terminando de cenar cuando la voz implacable de la operadora de la policía nos convocó a entrar en acción: -12-20....12-20 responda...- -aquí 12-20, ¿Cuál es la situación?- -tenemos un accidente en el kilómetro 234+500 muchachos, se requiere una grúa plataforma "C" y grúa de arrastre táctico- -tenemos la de arrastre táctico y dollyes, nuestra plataforma c está descompuesta... cambio- -está bien muchachos, por favor acudan...- -¿cuántos vehículos se involucraron?- -Solo uno, camioneta Ford Explorer, los peritos ya retiraron los cuerpos, cambio- -está bien, vamos para allá, calculo que llegaremos a las 2:15 am- -está bien 12-20, quedo al pendiente. cambio y fuera-...-Mhhh, es en las cruces- murmuró mi compañero mientras observaba el mapa que pendía de la pared de la estación
Nos pusimos los impermeables y bien cubiertos para resistir el frío salimos para el lugar del accidente, mi compañero habría manejado por espacio de media hora, cuando empezamos a ver las señales características e inequívocas de que estábamos llegando a esa zona tan siniestra de la carretera, como en otros accidentes, nos aguardaba una patrulla de caminos, y ya todas la señales de que ahí, había vuelto a suceder una tragedia, la baya de contención arrancada de un golpe, marcas en los árboles que impactó la Explorer antes de caer al barranco, las marcas de frenado que el conductor dejó en un intento desesperado de no caer al barranco... medité un momento en como sería la forma más rápida de sacar esa camioneta del precipicio, cuando a lo lejos, las palabras del diálogo entre mi compañero y los oficiales se iban incrustando en mi oído.
-No se salvó nadie...toda la familia quedó ahí... ya averiguamos algo, no eran de aquí, venían del distrito-
-hay que sacarla ya...-
Comenzamos las maniobras, en cuestión de minutos ya habíamos despejado lo suficiente como para enfilar la grúa y acercar el gancho a la inexorable barranca, si bien, las luces de la grúa eran poderosas, la profundidad del abismo no nos permitía ver absolutamente nada, con la pura mirada, presos del silencio que acompañaba cada uno de nuestros rescates, mi compañero me dio a entender que yo, debía bajar al fondo y colocar el gancho en alguna parte firme de lo que quedara de ese montón de fierros que alguna vez fueron una camioneta.
Me sujeté del gancho para ir descendiendo a medida de que el cable de acero se fuera desenredando del carrete de la grúa. Habré tardado entre diez y quince minutos en llegar al fondo de aquel barranco y lo que encontré al llegar, era lúgubre y perturbador como de costumbre, como lo es cada rescate, el vehículo estaba irreconocible, fragmentos de este estaban esparcidos por varios metros cerca de la unidad, el impacto había sido tan fuerte que incluso una de las llantas se había zafado de tajo, estaba a algunos metros junto con la parte de la suspensión que alguna vez la sostuvo en su lugar.
Dirigí la luz de la diminuta lámpara hacia los restos de metal, como queriendo orientarme para colocar el gancho, más lo que vi, fue un cuadro algo perturbador, a la camioneta le quedaban algunos vidrios intactos, y estos se encontraban manchados de sangre, incluso del lado del conductor pero en la parte de atrás pude observar una huella de una mano ensangrentada en el vidrío, -es muy pequeña para ser de un adulto- pensé, pero en el fondo sabía por que, esa huella era tan pequeña. Como marcaba nuestro protocolo, procedí a buscar la forma de desconectar el acumulador, levanté el cofre y este se abrió por un lado con relativa facilidad, prácticamente, ya estaba desprendido. Estaba aflojando las terminales, cuando sucedió: pude jurar que por un momento escuché el llanto de un niño, estaba muy débil, casi apagado, pero estoy seguro de lo que escuché.
Los nervios se me empezaron a crispar, el solo hecho de estar ahí, cerca de una tumba con ruedas, me hacía sentir mucha angustia, angustia que no había sentido en ninguno de mis rescates anteriores.
Después con cuidado me cercioré que no se estuviera derramando la gasolina, y metí la llanta y todos los restos que pude por el vidrio roto de la cajuela, era necesario engancharla sólidamente por lo que me asomé debajo del chasis para buscar el mejor sitio para enganchar, fue entonces cuando volví a escuchar ese llanto apagado, agucé el oído para captar a mayor distancia: se volvió a escuchar el llanto, pero esta vez fue más entendible -¿papi?..¿papi?.- era la voz de una niña la que escuchaba, envuelta en sollozos... me estremecí, quería más que nunca salir de ese barranco, así que haciendo uso de todas mis fuerzas de flaqueza, me acosté bajo el chasis de la unidad para colocar el gancho... -¿papi...?- volví a escuchar esa pregunta con voz de niña que hacía que el pánico se apoderara cada vez más de mi. No se como lo hice, con la diminuta linterna entre los dientes fui rodeando con el cable una parte firme de entre los hierros retorcidos, pero finalmente la camioneta estaba bien enganchada, para que la pudieran subir, era hora de salir de debajo del chasis. En el momento que quise incorporarme... ahí, ante mi estaba sentada una niña, su mirada era de profundo dolor, su piel era pálida, y las lágrimas rodaban por sus mejillas, su vestido estaba cubierto de tierra y sangre. -por favor... no te la lleves... mi papi está adentro...- fue todo lo que alcancé a escuchar, el miedo se había apoderado de mi, quise gritar pero mi voz no salía, finalmente lo único que alcancé a hacer fue silbar, y a los pocos segundos, pude sentir como el cable comenzaba a desplazarse, a medida de que el carrete de la grúa lo iba enredando. -por favor no te la lleves... mi papi sigue adentro...-No me atreví a voltear a verla de nuevo, sabía que no lo estaba imaginando. Yo estaba aterrado, salí corriendo del barranco, tanto como me era posible, llegué antes de que la grúa terminara de sacar la camioneta de barranco.
Nuestra labor estaba llegando casi a su fin ya estaba la Explorer en la superficie, el oficial, mi compañero y yo, en silencio como de costumbre, yo veía hacia abajo como queriendo buscar una explicación a lo que había vivido allá abajo...-estás muy pálido, ¿te sientes bien?- preguntó mi compañero -si, más o menos, es que hace frío- -ok, ya nos vamos, nada más deja lleno el inventario- Comenzaron a hacer los papeles, mi compañero y el oficial, entre su plática alcancé a escuchar algo que dijo el oficial, que llamó mi atención -Si, la niña se llevó la peor parte... salió por la ventana... pobre, ella quedó tendida arriba, en el pavimento...- no dije nada más, subí a la grúa en un estado en el que no tenía conciencia de mi entorno, pensando en la niña que había visto allá abajo, entre las sombras.
Todavía tenemos esa camioneta aquí en el depósito, nadie la reclamó, nadie quedó vivo para hacerlo, me he ido acostumbrando, no tiene acumulador, pero a veces puedo jurar que veo encenderse la luz del interior, a veces escucho quejarse a alguien, más ya no se si viene de la camioneta o de los otros veinte coches accidentados que se guardan aquí... lo cierto es que muchas veces veo a esa niña que entre su llanto me dice -por favor no te la lleves... mi papi sigue adentro...-
Christian Perales
#ElComisariodelterror
@Cuentos de terror para antes de ir a dormir
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México 2014
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