domingo, 13 de agosto de 2023

NUNCA DES AVENTÓN


     "Toda carretera tiene sus retornos para quienes se equivocan de rumbo, pero hay quienes simplemente no pueden regresar de su destino final..."

-¿Usted puede decirme qué sucedió....?-

     Así comienza la conversación entre un oficial de la policía federal y yo. Y ni siquiera yo mismo sé que es lo que sucedió aquella noche. 

    Salimos del Distrito Federal con destino a la ciudad de Oaxaca, ese día, ajeno a mi costumbre que es la de llevar mi destino en mis manos, decidí que sería relajante no conducir, por lo que decidí trasladarme en autobús. Salimos de la ciudad de México a eso de las cuatro, el autobús lleno, todos con la gratificante ansiedad de unas vacaciones, después de todo, bien ganadas y yo por primera vez pasaría el día de los muertos en un Estado donde dicha celebración es emblemática. 

     Después de que aquel camión dejara atrás Puebla, y cruzara la ciudad de Tehuacán, abandonó la autopista según el itinerario trazado, yo lo pedí así, no quería el viaje directo, quise ir en uno donde el autobús pasara por los distintos pueblos, quería empaparme, llenarme de ellos, creo que si bien me doy cuenta de que aquello fue un error, me parecía encantador viajar de ese modo. Pues bien, ya entrada la noche hicimos una escala en uno de esos pueblos, que de momento no puedo recordar el nombre, muchos de nosotros, los pasajeros del autobús, aprovechamos para comprar algo para ir cenando durante el resto del trayecto, otros, fueron al baño, y quince minutos después reinició nuestra travesía.

     El camino que empezamos a recorrer era muy distinto a lo que habíamos presenciado en la autopista, éste, era un camino de solo dos carriles, con vegetación a los lados, pero definitivamente lo que alcanzábamos a ver entre aquella oscuridad, nos parecía maravilloso. Por momentos alcanzaba a escuchar lo que el operador hablaba con una persona sentada en el asiento cercano al volante, se quejaba un poco de que para ser noviembre, la lluvia no parecía darles tregua, y eso era cierto, pues durante una gran parte del viaje, una llovizna enmarcaba el camino, envolviéndolo en un velo de cierto misticismo.

-¿Y sigue lloviendo verdad....?-
-Si... ojalá y no esté así en las curvas, se pone muy feo cuando llueve...-

   He de decirles que después supe a lo que se referían cuando dijeron "las curvas", al menos a mí nunca me había tocado estar en un camino como ese, era un poco angustiante el solo hecho de ver como el pesado autobús, salía de una curva pronunciada para de inmediato, entrar a otra, en dirección opuesta a la anterior, además de que a los lados de aquella vía solo había dos opciones: El bordo del cerro del lado derecho, que por cierto, por tramos se veía la cantidad de deslaves que sucedían constantemente, y del otro lado, a la izquierda todo era un barranco, barranco al que por cierto no se le veía el fondo, y me puse atento al momento en que las luces iluminaban un poco la carretera, solo para tener una idea de en dónde estábamos, y más o menos cuánto tenía el barranco de profundidad, y lo cierto es que al menos eran cincuenta metros, definitivamente alguien que cayera en él, hallaría la muerte en aquella tumba de roca, y el verdor de los árboles de la zona; sobra decir que pasábamos a escasos centímetros del bordo que delimitaba el cerro, y en algún momento cuando pasamos al lado de un autobús que venía en sentido opuesto, pude notar que éste lo hacía a escasos centímetros de la barrera de contención, cuando la había, pues en ciertos tramos había sido arrancada, seguramente por un automóvil que a final de cuentas acabó seguramente en el fondo del barranco. En fin, por un momento me reprendí a mi mismo, reprochándome por pensar demasiado, cuando todos a bordo del autobús viajaban en la mayor relajación, la mayoría -si no es que todos- se habían quedado dormidos.

       Me estaba impacientando un poco por la cantidad de horas que llevaba en ese asiento, miré mi reloj y marcaba las doce, me recargué en la ventanilla, con la intención de entregarme al sueño como los otros pasajeros, pero algo me sobresaltó y llamó poderosamente mi atención. El camión comenzó a disminuir la velocidad, hasta detenerse con el característico ruido que hace todo autobús al frenar, levanté un poco la mirada por la mera curiosidad de ver la razón por la cual nos habíamos detenido, sobre todo porque estábamos en medio de la nada. Y fue cuando aquella mujer se subió, era una mujer de piel tan blanca que parecía que una misteriosa luz le iluminaba el rostro, su vestido impecablemente blanco, llegaba hasta el suelo, cubriendo sus pies... o al menos es lo que pensé al principio, pero podría jurar que no tenía pies, que simplemente el vestido cubría no sus pasos si no el hecho de que quizás flotaba en el aire. Después de que ella abordó el autobús, éste arrancó de nuevo, en ese momento sentí una especie de escalofrío recorrer mi espalda y aún cuando los lugares que recorríamos eran de clima cálido, se sentía frío, no era normal, el frío había comenzado solo hacía unos instantes, mejor dicho; en el momento en que ella subió al camión. Algunos pasajeros se despertaron en el momento en el que ella abordó, como si algo los hubiera sobresaltado también, e incluso podía escuchar su inconformidad.

-¿Por qué la subió....?.... ¿No se supone que no podían hacer paradas aquí?...-

   El conductor del autobús alcanzó a escuchar parte de las inconformidades... y trató de justificarse.

-Disculpen... ahorita llegamos.-

    Pese a la inconformidad de los pasajeros, no falta quien se compadece de quien está en desventaja, así que una señora que venía en el par de asientos al lado del mío, puso a su hijo en sus piernas para que aquella mujer se sentara en el lugar vacío, justo al lado de la ventana, por cierto que ella no habló para nada al momento de ocupar el asiento, simplemente le agradeció con la mirada. Continuamos con nuestro camino y yo desde ese momento ya no podía estar en calma, de verdad me inquietaba la súbita aparición en medio de la carretera de aquella mujer, y de verdad que era un poco perturbador su semblante, tenía una mirada muy triste, y pese a que el autobús tenía algo de iluminación, no podían verse con claridad sus ojos, parecía que estuvieran vacíos y sin alma. Afuera continuaba lloviendo y los rayos se hicieron presentes, mi inquietud se transformó en miedo, definitivamente aquella mujer me lo inspiraba, y las cosas empeoraron cuando al pasar de largo frente a un pueblo, volvimos a internarnos en despoblado, donde ahora la lluvia era más intensa y los relámpagos se hicieron presentes.

    Decidí que no me quedaría en ese autobús, que en el siguiente pueblo me bajaría, pero por el momento decidí no quitarle la vista de encima a esa mujer, y en una de esas, me aterró ver que cuando un rayo iluminó el ambiente, el contraste de su reflejo en la ventanilla del autobús hizo que se dibujara ella, pero transparente y por un instante su reflejo fue el de una calavera. Eso era todo, me levanté para pedirle al conductor que me bajara ahí mismo, pero cuando pretendía levantarme del asiento, sucedió lo que por unos momentos ya me temía. En medio de un estruendo, el autobús perdió el camino volcándose, e iniciando una serie de vueltas sobre el toldo y el costado. Una vuelta, y otra... y yo en la conmoción, podía ver como los cuerpos de los pasajeros golpeaban contra los componentes del autobús, algunos trataban de aferrarse para evitar golpearse, pero era inútil, sus cuerpos se destrozaban al golpearse una y otra vez contra todo, algunos de ellos salían por las ventanas, y por momentos podía notar el justo momento en el que perdían la vida. Cuando finalmente se detuvo quedando con las llantas hacia arriba, y el rostro de uno de los pasajeros quedó frente al mío, con los ojos abiertos, pero mirando hacia la nada, su boca entreabierta enseñaba lo que quedaba de sus dientes, su expresión de dolor, denotaba el sufrimiento por el que había pasado en sus últimos segundos de vida, yo sentía que estaba en medio de una pesadilla surrealista, el dolor se hizo presente, pero al menos estaba con vida... de pronto escuchaba los lamentos de los demás pasajeros, pude ver también como el conductor del autobús estaba muy dañado, anclado aún al asiento del camión por el cinturón de seguridad, en cuanto vi que era posible acceder a una de las ventanillas para escapar de los metales retorcidos... me arrastré hacia ella, y logré salir, al hacerlo... pude ver a aquella mujer, parada ante los restos del autobús, intacta, sin un rasguño, incluso su ropa estaba tan blanca y limpia como en el momento en el que abordó.
No pude más, presa del pánico, con la nariz y la boca sangrando y sintiendo el dolor punzante en todo el cuerpo, solo atiné a hilar unas palabras, estaba realmente enojado, y sentí que ella había tenido algo... o mucho que ver en nuestro accidente, así que se lo manifesté en una pregunta poco clara... pero ella la entendió a la perfección:

-¿Quién eres?...-
-Shhhh... a mí no me culpes... solo hago lo que me toca hacer. El chofer no debió invitarme a subir en primer lugar, tranquilo, este no es tu momento aún... pero definitivamente nos veremos después...-

     Cerré los ojos por un instante, tratando de mitigar el dolor y en el momento en que los abrí, esta mujer ya no estaba. Después de eso solo esperé, no sé cuánto tiempo... hasta que llegaron ustedes. Cuando escuché las sirenas de su unidades volví a despertar.

    El oficial estaba más que sorprendido, pero pareciera que tienen un protocolo, en el que deben reaccionar con incredulidad ante los hechos como ese, simplemente me acompañó hasta el momento en el que me subieron a la ambulancia, ahora sé que soy el único sobreviviente del choque, todos los demás pasajeros murieron, 30 víctimas en total. Ahora en la ambulancia me estabilizan y por lo que les escucho hablar a los paramédicos estaré bien, trato de descansar hasta que siento como aquella ambulancia se detiene en medio de la nada en un tramo del camino que ahora conozco demasiado bien... y me aterro cuando escucho decir al chofer de la ambulancia:

-¿Ya viste a esa señora de blanco? hay que darle un aventón.

FIN.

Christian Perales 
El Comisario del terror 
Derechos reservados 
Agosto 2015



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