martes, 13 de junio de 2023

LA MORGUE

   Nada es más igualitario que morir, ahí no importa si en vida fuiste reina de belleza, o definitivamente no te sentías a gusto con tu físico, tampoco si eras rico o pobre, adulto o anciano, alto o bajo, en la plancha de acero todos los recuerdos y vivencias terminan y se convierten en solo un cuerpo inerte.

    El trabajo de médico forense nos hace ser solitarios, no importa si fuera de las cuatro paredes que componen un anfiteatro, el mundo está celebrando las fiestas patrias, la navidad o incluso san Valentín, estamos obligados a dar luz sobre el fin de la vida de una persona, siempre es triste, más cuando nos ponemos a pensar en todos los planes de vida que tenía esa persona que hoy yace en la frialdad de una plancha de metal.

    Esa noche en particular, no era una dulce excepción afuera de la morgue, la ciudad se había envuelto en un velo de celebración, mientras en el silencio yo intentaba esclarecer la identidad de una chica que habían traído hacía solo algunas horas. 
Ella parecía solo dormir, su ojos bien cerrados solo contrastaban con su boca entreabierta. Lavé su cabello, después su piel; tenía heridas, al parecer de un objeto punzocortante en varias partes de su cuerpo; pero fuera de eso incluso podía afirmar que aquella chica se había ido en relativa paz. No teníamos indicios de quien era, no conocíamos su nombre, solo teníamos una edad aproximada, en sus ropas, no habíamos encontrado ninguna identificación, ni siquiera algo que nos diera una pista de quien era. 



   Conforme fui explorando, encontré algo que quizás podía darme un indicio: tenía un tatuaje del Ying y el yang en el tobillo, dicho tatuaje estaba además decorado por unos símbolos de la caligrafía japonesa. 

-Ahora puedo buscar en el sistema de personas desaparecidas, quizá el tatuaje sea la clave- pensé.

   Apenas iba a encaminarme hacia la computadora del departamento forense, cuando escuché un leve sollozo, era como si dicho llanto proviniera de aquella desafortunada jovencita... Me acerqué para percibir lo mejor posible cualquier ruido, observé fijamente el cadáver por unos segundos, sabía que cualquier sonido por leve que fuera, podría escucharse, ya que me encontraba solo en aquel momento.

 Una vez más, siguiendo una corazonada, revisé su pulso: nada, sostuve por un instante su muñeca que estaba fría y rígida, revisé su pecho con el estetoscopio, solo para constatar lo obvio, estaba muerta. Guardé el estetoscopio en su estuche y apenas iba a retirarme cuando volví a escuchar ese sollozo, que ahora había llamado más mi atención y observé fijamente su rostro, y en ese momento ella abrió los ojos por un instante. Yo sé lo que vi, sus ojos se había abierto por unos segundos para volverse a cerrar, y dejar que una lágrima recorriera su mejilla.

   Por un instante pensé que alguien había cometido un error brutal y me habían mandado a una paciente viva, pero no fue así, el rigor mortis ya se hacía presente y poco a poco su cuerpo perdía hidratación, lo que hacía que su piel se fuera poniendo amoratada. Sostuve una vez más su muñeca para revisar su pulso, coloqué mis manos alrededor de su garganta... muerta... 

   Decidí de nuevo que era hora de ir a la computadora a buscar si algún reporte de desaparición tuviera ese tatuaje como punto de partida, y al soltar su muñeca, ella sujetó mi bata. Estuve a punto de gritar, pero decidí que lo mejor era calmarme, después de todo quizás los muertos hacen eso, hay reflejos motores que suceden después de la muerte. Traté de hallar consuelo en eso, mantener la calma, así que la cubrí con una sábana blanca y me fui a buscar en la computadora. Me habré entretenido alrededor de quince minutos, cuando entre las imágenes de los reportes policiacos, encontré la foto de la chica, en realidad tres fotos, y en una de ellas me quedó clara la filiación y el nombre de aquella desafortunada chica. 

"Mirna N, desaparecida el 15 de abril de 2019...."

-Es ella- Pensé: el tatuaje, las fotografías extraídas de su perfil de Facebook, 
la estatura y complexión, todo concordaba. Era hora de llamar a sus familiares y desafortunadamente comunicarles la terrible noticia. Aunque primero debía realizar la necropsia de ley para determinar las causas de su deceso. Hice acopio de valor y fui hacia la camilla donde se encontraba, solo que al llegar a la sala de autopsias, ella ya no estaba ahí, tampoco la camilla donde la había dejado. 



Sin comprender lo que había sucedido, estuve a punto de entrar en shock ¿Cómo era posible? Estuve a punto de encender la alarma de intrusos pensando que quizás alguien había entrado a la morgue a sustraer el cadáver cuando escuché que venía hacia mí el característico sonido que produce el rechinido de la camilla, entre las sombras apareció dicha camilla que venía siendo empujada por la jefa del departamento Forense, la doctora Solórzano. 

-¿No se te hace que estás trabajando demasiado Alfaro?-
-Doc... doctora... ya me iba, solo iba a hacer la auto...-
-Eso puede esperar, ya llevé el cuerpo a una gaveta, por hoy deberías pasar las fiestas con tu familia ¿no crees?-
-Es que de verdad esto es importante....-
-Lo importante aquí es no dejar que se te vaya la vida... como a mi, trabajo, trabajo, trabajo... debes descansar, yo ya me voy, déjalo para mañana, insisto.-
-Si doctora...-

  Después de eso la doctora se fue como había llegado, sin que yo supiera ni como ni cuando, yo apagué todo y no supe qué pasó conmigo después, solo supe que la doctora Solórzano tenía una semana de haber fallecido cuando me visitó en la sala de autopsias... 
Nadie me creerá, pero ahora tengo miedo de volver... a la morgue...

FIN.

Christian Perales 
El Comisario del terror 
Derechos reservados 
Junio, 2019

domingo, 11 de junio de 2023

CIUDAD GORE

O REACCIÓN EN CADENA... 
UNO DE MIS RELATOS MÁS ENFERMOS (como gusten llamarle).

   A través del enorme ventanal en un edificio abandonado, "M" apunta con su rifle de francotirador a la ventana del edificio de enfrente, en él una chica como entre veinte y treinta años, cuyo cabello tiene aroma a manzanilla, no se percata de que su cabeza está centrada en la mirilla de "M", por lo que sin imaginar lo que sucederá en segundos, ella sigue frente al monitor de su computadora... Cinco pisos abajo, en la calle, una lata de Coca-Cola vacía rueda por el asfalto del arrollo vehicular, movida por el viento, un hombre con traje la sigue desesperadamente pues quiere hacer una flor para su novia con el aluminio de la lata... no se percata de que se puso frente a un camión de Pepsi al momento de perseguir la lata... el camión solo lo aplasta sin que el chofer de este se percate, ya que viene tremendamente narcotizado, por lo que solo siente que pasó sobre de un tope... además, la lluvia que baña la calle no le permite distinguir ni a cinco metros.

     Llega al oxxo a entregar la provisión de Pepsi, para lo cual baja dos rejas y las arroja dentro de la tienda, misión cumplida... al volver a su camión no sabe como, un asaltante le apunta con una magnum calibre .38, solo se ve el relumbrón que produce el arma al ser disparada contra el camionero y todo el cristal del pesado camión se tiñe de rojo... En el oxxo, mientras tanto una de las latas de Pepsi comienza a dejar escapar líquido... que empieza a correr por el piso hasta llegar a un contacto eléctrico, que produce una chispa, que detona el gas que llevaba acumulándose desde la tarde, pero que el cajero de la tienda no detectó, pues la gripe que padecía lo había dejado sin olfato...

     En la calle, el ladrón del camión de Pepsi es abatido por la policía cuando a penas había avanzado dos cuadras, mientras esperan al Semefo, uno de los policías recibe una llamada en la radio. Al momento de empuñar el aparato, una descarga de un rayo lo golpea... solo se mantuvo en pie dos segundos, pero ya estaba muerto aún de pie. Una estudiante de preparatoria sufre un infarto ante la impresión de ver al oficial, cae al suelo ante la mirada de todos... Un vagabundo que ya perdió el hilo de la realidad ríe al ver aquella cadena de muertes en menos de tres minutos, no se da cuenta que en lugar de beber su caguama está bebiendo raticida, que unos chicos le dieron como broma. El raticida fue robado de una tlapalería y esta noche el dueño de la misma va a matar a golpes a su empleada, pues cree que le está robando... nada personal, el tipo ya era asesino. A "M" la risa del vagabundo le parece irritante, pero continúa, pues solo salió a divertirse, ese tiro es solo pasatiempo, su dedo en el gatillo comienza el viaje hacia atrás, está a punto de asesinar a esa chica con el cabello fragante a manzanilla... que en su computadora está leyendo una sola página: CUENTOS DE TERROR PARA ANTES DE DORMIR...

Christian Perales 
El Comisario del terror 
Derechos reservados 




MARIANA-     La únca luz que muchos ven en esta carretera es la que tenemos en nuestras torretas, después de teñirse de rojo se tiñe con nue...